Hoy nos
adentramos en el norte de la provincia de Burgos. La idea es aprovechar que hoy
no dan mal tiempo (dan malo para casi toda la Semana Santa) y hacer una
excursión por la zona norte de la provincia, justo donde limita con el País
Vasco, la llamada Merindades, y en concreto recorrer el desfiladero del río
Purón, 12km en ruta circular.
Comenzamos temprano pero no demasiado porque por la mañana aún hace fresco. Hay un ligero riesgo de que nos mojemos, dan un poco de lluvia sobre la hora de comer.
En esta salida
estamos; Porteadora, Sherpatilla, Pitufín y Perkins.
Comenzamos en
Herrán, una pequeña localidad de la zona que tiene un pequeño parking justo a
la entrada. Tras dejar el coche y prepararnos, comenzamos l aventura.
La ruta nos
sorprende desde el principio, habíamos leído sobre ella pero la verdad es que
es una pasada. Discurre pegada al río Purón y deja unas vistas espectaculares.
Nada más empezar a mano izquierda el
desfiladero es impresionante, recorremos la senda pegados al río, no lo podemos
ver, pero sí oír, discurre baste por debajo de donde nos encontramos.
Según vamos
avanzando, el camino del río discurre a menos profundidad y se va acercando a
nuestro desnivel. Poco más de 1 Km andando y te encuentras con la ermita de San
Roque, y unas ruinas antiguas. Además del desfiladero ya se comienza a
disfrutar de las vistas del río porque discurre casi a nuestra altura, son
impresionantes las caídas de agua y zonas de rápida corriente. Una gozada.
Tras pasar el
arco de piedra y disfrutar de las mejores cascadas y pozas de agua, se llega a
la caseta/refugio a la que echamos el ojo pensando en comer a la vuelta.
Tras unos dos
kilómetros, el camino que va todo el tiempo picando hacia arriba, deja de nuevo
el río ladera a abajo y llega a la bifurcación. Aquí hay que optar por ir por
la izquierda o por la derecha, como vamos a realizar la ruta circular danto la
vuelta al monte Santa Ana, nos da un poco igual y escogemos la ruta a izquierda
que discurre pegada al río.
Tras unos
kilómetros y atravesar los prados, se llega finalmente a la Iglesia de San
Esteban de Ribera, muy bonita aunque en mal estado y con el acceso cerrado. Aquí
se puede seguir el camino hacia Errota y luego volver otra vez pero nosotros
optamos por cruzar el puente a mano derecha para seguir con la ruta circular
alrededor del monte Santa Ana.
Mientras cruzamos
los prados comienza a lloviznar, se veía venir, y nos pilla precisamente en la
zona de prados, con aire, un rato algo desagradable que recorremos sin parar
para llegar a los pinos y protegernos del aire y algo de la lluvia lo antes
posible.
Hacemos una
pequeña parada para reponer fuerzas y deja de llover. ¡Estamos de suerte!
Tras recuperar
fuerzas, nos lanzamos por el camino que vuelve a picar hacia arriba y rodea
poco a poco el monte Santa Ana, es una senda estrecha. Tras un par de
kilómetros, el camino discurre justo por la frontera con Álava, y al poco rato
llega a una explanada, justo antes de comenzar el descenso, sale una camino a
derechas que permite subir hasta la cima de Santa Ana.
Tras un pequeño
debate, decidimos que tenemos tiempo y fuerzas, y tomamos el sendero. Se va
estrechando y cogiendo pendiente hasta hacerse realmente duro y complicado pero
tras unos cientos de metros, nos permite coronar Santa Ana.
Las vistas
justifican el esfuerzo, es impresionante, podemos ver la iglesia de San
Esteban, el alto de Cuovoque, y toda la sierra y los valles, ¡espectacular!
Tras un pequeño descanso,
y disfrutar de las vistas (aquí el aire no para de soplar) comenzamos el
descenso, es algo complicado pero se deja hacer. y finalmente volvemos a la
explanada y a la ruta circular.
Desde aquí es
todo descenso, el camino es tedioso porque tiene mucha piedra y eso siempre
complica las bajadas, pero como siempre, bajar es menos duro y por si fuera
poco ha salido el sol.
Una vez terminada
la bajada, nos encontramos en la bifurcación que tomamos al principio, girando
a izquierdas, volvemos al camino original que ya conocemos y lo recorremos
nuevamente de regreso camino del merendero/caseta/refugio que tenemos fichado
desde el principio.
Justo cuando
llegamos a la caseta, empieza a lloviznar de nuevo, hemos tenido mucha suerte.
Dentro nos sentamos a comer y a descansar un rato.
Tras el pequeño
ágape, hacemos de vuelta los dos kilómetros que nos separan del coche.
Otro magnífico día.