El Camino
de Santiago, es algo especial que personalmente recomiendo a todo el que le
guste la naturaleza, el trekking y el silencio, tanto por razones religiosas,
como espirituales, o simplemente como actividad de trekking, es una experiencia
inolvidable.
Lo
primero que hicimos es plantearnos las etapas, y dado el número de días libres
que teníamos el planteamiento era claro, salir desde Astorga o Ponferrada, ya
que no disponíamos de suficientes días para abordarlo desde León.
Finalmente
y por temas logísticos, disponibilidad de comunicación por tren desde Santiago,
elegimos Ponferrada como punto de partida.
Tras
asesorarnos a través de la red, abordamos esta experiencia desplazándonos en
coche desde Madrid hasta Ponferrada, allí dejamos aparcado el coche y
comenzamos los nueve días de ruta hasta Santiago con la idea de volver en tren
para recuperar el coche y volver a Madrid.
Dado que ya somos algo cómodos y que no nos gusta madrugar (los albergues se llenan temprano), optamos por reservar habitaciones en hoteles del camino para dormir.
Siguiendo
los consejos de la web, compramos Compeed Ampollas, calcetines especiales sin
costuras y de fibra anti ampollas y vaselina para evitar problemas en los pies.
Durante
los diversos días pudimos disfrutar de la agradable sensación de caminar entre agradables
pueblos en León y posteriormente de pequeños pueblos y espacios naturales
salpicados de aldeas en Galicia disfrutando de la diversidad de paisajes.
Inicialmente al recorrer León, encontramos espacios abiertos plagados de
viñedos y que poco a poco iban cediendo ante las montañas, una vez en Lugo
abundancia de robles, castaños y helechos dando al paisaje y en especial a los
caminos ese encanto especial y a veces inquietante.
Al acercarnos a Coruña, los
castaños ceden ante los eucaliptos y el paisaje cambia de forma significativa
haciendo los caminos más luminosos. Cabe destacar en Galicia las enredaderas
que cubren los troncos de los árboles dando al paisaje un tono más verde y a
los caminos un plus de densidad en la vegetación, lo que crea espacios
tremendamente sombríos plagados de helechos.
Por el
camino multitud de caseríos y aldeas, con casa adornadas con flores de todos
los colores dan la bienvenida a los viajeros y ya en Galicia con esos
característicos Hórreos que tanto encanto tienen para la mayoría de las
personas.
Todo el camino
desde León está plagado de manzanos silvestres, a veces resulta sorprendente la
cantidad que hay. Entre los bosques de árboles en Galicia se puede disfrutar de
extensos prados, verdes a pesar de las fechas estivales salpicados con las
características “rubias gallegas”, esas vacas de color pardo famosas por la
calidad de su carne, y granjas de todo tipo, con vacas lecheras, gallinas,
cerdos, etc. y todo tipo de cultivos, destacando por su abundancia las berzas y
los maizales.
Durante
el camino se va llevando la credencial del peregrino de posta en posta, por
diversos puntos de cada jornada para obtener el sello de reconocimiento de
paso. El sello lo ponen en las iglesias, albergues, bares y hoteles que
salpican todo el recorrido. Uno o dos sellos intermedios y otro al principio y
final de cada etapa son suficientes.
En
Galicia las iglesias de las aldeas están casi todas cerradas por lo que
tendremos que recurrir más, a bares y albergues, para ir sellando nuestra
credencial. Nos llamó mucho la atención la disposición de los cementerios
gallegos, alrededor de las iglesias. El camino está perfectamente señalizado en
todo su recorrido con señales y flechas amarillas, es casi imposible perderse.
No es
necesario ir muy cargado ya que todo el camino está plagado de bares donde se
puede adquirir comida y bebida sin dificultad y a buen precio, además hay una
gran cantidad de fuentes potables que permiten hidratarse sin necesidad de
cargar con mucha agua (en Galicia hay algunas menos). El exceso de peso se paga
con dolor de hombros, en especial si no se está acostumbrado a caminar durante
horas con un peso a la espalda.
Es
imprescindible probar: la empanada, el pulpo, la ternera, el queso (según el
sitio), el caldo gallego, y los pescados, todos ellos exquisitos y únicos. Es
destacar el pan, completamente diferente al ser producto de una mezcla de
harinas, trigo y centeno, con un color grisáceo, una corteza dura y una miga
enorme.
Por
supuesto hay que llevar la concha del peregrino y mucha ilusión para recorrer
los más de 200 Km que hay desde Ponferrada hasta Santiago.
ETAPA
CERO, Madrid – Ponferrada, 27 de Julio de 2011
Tras dejar nuestros bártulos y poner el primer sello en nuestro pasaporte en el hotel, nos adentramos en Ponferrada para disfrutar de un agradable paseo por esta hermosa ciudad y cenar algo a base de tapas. Tras la cena regreso al hotel para descansar.
ETAPA UNO, Ponferrada – Villa Franca del Bierzo (25Km), 28 julio de 2011
Nos
levantamos a las 8:00 y a las 8:45 ya estábamos desayunando zumo, tostadas con
aceite y café (porteadora no toma café), desayuno tradicional que repetimos en
todas las etapas.
A las
9:00 nos pusimos en camino para afrontar este primer día, con las energías y la
ilusión a tope, nos pusimos a andar siguiendo las indicaciones del dueño del
hotel, y a los pocos minutos ya estábamos en el camino, tras 30 minutos andando
y con 20ºC de temperatura y un cielo completamente azul dejamos el pueblo y
puse el nuevo GPS en marcha (regalo de cumpleaños).
Al llegar
a Columbrianos pusimos nuestro primer sello del día en la parroquia de San
Esteban, aquí nos contaron la primera anécdota del viaje, al parecer dos
peregrinas preguntaron el día antes por la parad de autobús para ir a Santiago,
sin duda por algún problema físico.
En
Fuentes Nuevas hicimos una pequeña parada para recuperar fuerzas y tomas un
refrigerio en el bar acompañado de una pastilla energética, el sol va
calentando y ya hay 22ºC.
Pasamos
Camponaraya ya con 24ºC y tras más de cuatro horas Cacabelos, donde pusimos
nuestro segundo sello del día en la Ermita de San Roque.
Aquí hicimos una segunda parada para tomar un refresco y un bocata de tortilla, el termómetro está ya en 26ºC.
Aquí hicimos una segunda parada para tomar un refresco y un bocata de tortilla, el termómetro está ya en 26ºC.
El camino continua entre manzanos para adentrarse entre los
famosos viñedos del Bierzo dejando atrás la zona más urbana y el asfalto, en
esta parte el recorrido es precioso pero se hace especialmente duro al sol ya
que apenas hay árboles, no hay ni una sola nube y la temperatura no deja de
subir alcanzando los 28ºC en Pieros, toma cierta pendiente y es alcanzan los 30ºC
en la parte final.
En total según el GPS, 25 Km con un ligero descenso continuado y un desnivel en la parte final.
Dejamos
las cosas en la habitación y comimos en el hotel ya que aún tenía la cocina abierta,
tras un merecido descanso nos dimos un agradable paseo por Villa Franca,
realmente bonito y monumental y nos tomamos unas tapas para cenar en una
terraza de la plaza mayor. Regreso al hotel y a descansar para la siguiente
etapa.
Nos levantamos a las 8:00 y a las 8:40 ya estamos sentados con el café y las tostadas, por el ruido de la madrugada y el vacío en la cafetería del hotel deducimos que la mayoría de los peregrinos madrugan más que nosotros, probablemente para no tener problemas de cama en los albergues.
A las 8:55
nos ponemos en marcha con 17ºC y sin una nube a la vista, una gozada de día. Tras recorrer toda la calle del agua y atravesar el centro de Villa Franca del Bierzo abordamos el camino por el otro extremo de la ciudad.
Porteadora se ha erigido en Sherpatilla y marca la ruta siguiendo las "complejas indicaciones" a base de flechas y carteles y marcas amarillas.
Tras casi
tres horas, a las 11:30 llegamos a Trabadelo, y allí en el área de descanso
hacemos una pequeña parada con pastilla energética incluida pero por desgracia
sin agua al estar la fuente averiada. La temperatura es ya de 26ºC. Se circula
bastante tiempo a la verdea del río y en diversos tramos pegado a la carretera
por un camino paralelo al arcén.
El camino
prosigue junto al arcén pasando por Feillo y Portela de Valcarce, ya con una
temperatura oscilante entre 28ºC y 30ºC. En Portela de Valcarce hacemos un alto
para obtener el segundo sello del día en una pequeña iglesia junto a una fuente.
Desde
Valcarce se recupera la vereda del río y se prosigue cruzando en diversos
puntos la carretera pasando por Ambasmestas y por Vega de Valcarce llegando
hasta Ruitelan faltos de fuerzas y bastante rotos.
Tras
pasar Herrerías llegamos a Hospital las 14:50, tras 21 Kilómetros recorridos,
justo en la base del puerto, hacemos una parada larga y aprovechamos para comer
y reponer fuerzas en un restaurante llamado “el capricho de Josana” donde
pudimos disfrutar de una comida sencilla pero buena y barata.
A las
15:45, tras más de una hora de descanso, emprendemos el ascenso a O Cebreiro
con 28ºC y mucho sol, la subida se va haciendo dura y los kilómetros recorridos
van pasando factura. Inicialmente el camino transcurre abierto rodeando los
montes hasta que toma una camino entre arboledas de robles y castaños que lo
mantienen a la sombra y que pica hacia arriba con dureza.
El camino
finalmente alcanza unos huertos y las primeras casas que nos llevan a Faba.
Aquí nos tomamos el primer descanso acompañado de refrescos, en un bar a la
sombra, ya son las 17:00.
Retomamos
la senda y tras unas rampas duras el camino se abre y a parecen zonas abiertas
con escasez de árboles, el sol hace mella en nosotros con dureza al perder la
cobertura de los árboles al mismo tiempo que desaparecen los mosquitos. Las
vistas a mano izquierda de todo el valle son IMPRESIONANTES.
El camino atraviesa rápidamente el pueblo y de forma más suave vuelve a bordear la ladera ofreciendo de nuevo vistas espectaculares, continúa en subida hasta el mojón que marca el final de la provincia y la entrada en la Comunidad de Galicia por la provincia de Lugo.
Completamente
rotos proseguimos la peregrinación por un camino que va poco a poco perdiendo
pendiente pero que no deja de subir hasta que finalmente alcanzamos a ver las
primeras señales humanas, muros de piedra, y finalmente el mojón del alto de O
Cebreiro y el monumento con el aparcamiento y el mirador, hemos coronado.
En el
hostal nos encontramos con la desagradable sorpresa de que a pesar de tener
reserva y de haberla confirmado a los largo de la mañana, han dado nuestra
habitación, una vergüenza. No sé si fueron nuestras caras o la sensación de
culpa pero a los pocos minutos ya nos había conseguido habitación en el hostal
de al lado, seguro que peor, pero que en nuestras circunstancias nos supo a
gloria, cama limpia y baño son todo un tesoro cuando se lleva andando casi
nueve horas con un puerto de más de 600 metros de desnivel en su última parte.
Tras la
ducha y con multitud de dolores en nuestros cuerpos dimos un paseo y nos
tomamos un refrigerio a base de raciones con alto nivel de calorías que nos
permitieron recuperar las fuerzas.
Tras esta
etapa, no te quedan dudas de por qué, es la etapa reina del camino Francés en
Galicia.
ETAPA TRES, O Cebreiro-Triacastela (23Km), 30 de julio de
2011.
Una mirada por la
ventana nos permite descubrir la famosa niebla gallega, a penas permite ver a unas
decenas de metros en el pueblo.
Tras un buen desayuno
a base de tostadas a las 8:45 nos desplazamos con nuestros equipos al mirador a
tomar unas fotos y sentir las vistas del puerto por la mañana, a las 9:00 horas
con 15ºC, la vista es magnífica ya que el sol comienza a abrir la niebla
permitiéndonos vislumbrar las cumbres montañosas a lo lejos mientras el valle
permanece oculto.
Nos ponemos en marcha
por caminos sombríos entre la niebla y los castaños, el suelo cubierto de
helechos y telas de araña, y los troncos sombreados de musgo, un panorama increíble,
y es que “haberlas haylas”
Al poco tiempo se pasa el alto de San Roque de 1.270 metros, lo hacemos con niebla y algo de frío aunque con bastante ilusión, esta es la cota más alta del viaje, ahora todo es para abajo, claro que con repechos.
Al llegar a Hospital,
nos ponemos el primer sello del día en la parroquia de San Juan y nos quitamos
el chubasquero (nos lo pusimos para cubrirnos de la humedad de la niebla que
mojaba ligeramente la ropa), la temperatura ya es de 19ºC y el falso llano nos
hace sudar.
Pasamos Fonfría y
Obiduelo sin sana significativo y con la iglesia cerrada. Al levantar la niebla
y por caminos no muy cerrados comienzan a aparecer los famosos prados gallegos,
extensos y verdes a pesar de las veraniegas fechas, con las famosas vacas
pardas (rubias gallegas).
Tras tratar de localizar nuestro alojamiento
descubrimos que lo dejamos seis kilómetros atrás por despiste (todas las aldeas
de la zona pertenecen a Triacastela aunque no estén en el pueblo) por lo que
tuvimos que buscar otro alojamiento (pequeño momento de pánico), aunque la
fortuna nos permitió encontrar rápidamente uno en el centro, la Casa Simón,
sencilla pero limpia y barata y además en el centro de Triacastela.
Una vez tomada
posesión de nuestro alojamiento nos marchamos a comer a las terrazas del centro
para recuperarnos a base de churrasco (¡grandes! la rubias gallegas) y tras un
descanso en la habitación, paseo por el pueblo, sello en la iglesia de Santiago
y una misa peculiar para los peregrinos “no se me queden en el cementerio”.
A las 10:00 comienza
a abrir la niebla y ya tenemos 16ºC, Porteadora que ante la presencia de niebla
iba abrigada, se quitó el chubasquero tan pronto comenzó a sentir el calor al
andar.
Pasamos Montan y
Fontearcuda con un paisaje abundante en pastos y vacas. En ocasiones la
pendiente nos hace bajar muy rápido llegando a entrar nuevamente durante
pequeños espacios de tiempo en la niebla. Al llegar a Furela, hacemos una parada
y, sello en el bar Casa do Franca, tomamos un refrigerio con pastilla
energética incluida para recuperar.
Se recorre el camino
paralelo a la carretera y casi llano hasta llegar a Sarria donde tras recorrer
parte del pueblo llegamos a nuestro hotel el Oca Villa a dejar las cosas,
darnos una ducha y salir a comer al malecón de Sarria. Tras la comida paseo por
el pueblo, visitamos y nos ponemos sello en el Convento de la Merced y nos
marchamos a descansar al hotel con Perkins cojeando con algo de tendinitis.
Por la noche un paseo
corto por el malecón y cena en una terraza.
ETAPA CINCO, Sarria-Portomarín (24Km) ,1 de agosto de
2011.
Mantenemos nuestra
rutina y a las 8:00 nos levantamos y tras prepararnos nos plantamos a las 8:45
en la cafetería para desayunar.
Encontramos bastante gente, se nota que ya
estamos en el tramo que recorren “los romeros”. El camino es sombrío gracias a
la multitud de castaños lo que le da ese toque especial de los caminos gallegos
al que ya nos hemos acostumbrado pero que no deja de maravillarnos.
Debido a nuestro
ritmo vamos adelantando grupos de “romeros”, de seis a diez personas por grupo,
con calzado poco apropiado, sin mochilas ni equipaje y con bolsas, riñoneras o pequeñas
mochilas para las tarteras, agua, etc. parecen grupos de domingueros de los que
habitualmente encuentras en la sierra de Madrid en verano cuando recorres
caminos próximos a cascadas, barbacoas, etc.
La temperatura es de
casi 17ºC cuando llegamos a Barbadelo, aquí ponemos nuestro primer sello del
día en la parroquia de Santiago.
El camino prosigue
entre castaños y grupos de peregrinos atravesando diversas aldeas de apenas
unas pocas casas cada una, la niebla va levantando y con ella la claridad, pero
descubrimos nubes altas, que no tienen mala pinta y a ratos permiten pasar los
rayos del sol. Es en este tramo cuando el camino pasa por el mojón con el
kilómetro 100, ya hemos superado la mitad del recorrido, una oleada de alegría
y motivación recorre nuestros cuerpos.
Al llegar a Morgade
hacemos una pequeña parada para tomarnos un refresco y descansar los maltrechos
hombros. Durante el refrigerio la temperatura es ya de 21,5ºC por lo que
aprovechamos el descanso para aliviarnos de ropa y guardar la camiseta y la
chamarra.
Finalmente alcanzamos Portomorín a la hora de comer, cruzamos el puente sobre el río Miño, subimos la escalinata y nos adentramos en la plaza mayor, donde nos encontramos una preciosa torre-iglesia fortifica de San Juan, cerrada (por la hora del día) y multitud de terrazas para poder picar algo.
Tras llegar al hotel y dejar nuestras cosas, nos aventuramos a
comer en el restaurante del propio hotel por aquello de la hora y el cansancio.
Tras la comida algo
de descanso en la habitación y por la tarde nos desplazamos a Lugo capital con
una amiga gallega, Miriam, que vino a vernos y a darnos ánimos junto a su
preciosa niña, Laura, que con tan solo 17 meses tiene un desparpajo y una
sonrisa encantadora, claro que antes de salir de Portomarín, nos ponemos el
sello en la precios iglesia de San Juan (ya abierta).
En Lugo pudimos disfrutar
del ambiente y sus vinotecas y de un buen Rías Baixas con una tapita… A pesar
de las predicciones de lluvia (85%) no vemos ni una gota de agua en toda la
jornada, aunque nos comunican que en algunos pueblos de Lugo ha llovido y que
cuando por la noche llegamos a Portomarín en Lugo empezaba a llover… no hay
duda de que estamos en racha.
Un paseo por el pueblo y a tapear para llenar los
estómagos antes de irnos a descansar a base de raciones.
ETAPA SEIS, Portomarín-Palas de Rei (24Km), 2 de agosto
de 2011.
Continuamos con la
rutina y nos levantamos a las 8:00, aunque por alguna razón hasta las 9:00 no
dejamos el hotel. Llegamos a la plaza mayor con un día nublado y 15ºC temperatura
y entramos en una cafetería a desayunar, vamos tarde y nos ponemos en marcha a
las 9:15 horas.
El camino es similar
a los anteriores y predominan los castaños aunque se pueden apreciar pinos y
unos eucaliptos enormes, con troncos con diámetros próximos a un metro y
alturas incalculables, un toque nuevo al paisaje y a los caminos que son más abiertos
a causa de estos eucaliptos que a pesar de su altura dejan pasar mucha más luz
ya que ni tienen esa densidad de hojas ni ese volumen de ramas en su copa.
El camino se abre
completamente dejando a la vista enormes prados al acercarnos a Gónzar, donde
ya con 17ºC y algo de sol decidimos hacer un descanso y tomar el primer
refrigerio del día. Dado que la mayoría de las iglesias están cerradas,
decidimos ponernos un primer sello en el propio bar.
La temperatura sigue
subiendo y alcanza los 19ºC con mucho sol, lo que lleva a Porteadora a quitarse
la chamarra. El camino prosigue con un paisaje similar pero el cielo parece
cerrarse de nuevo con nubes más oscuras y la temperatura cae a 17ºC. Porteadora
decide volver a ponerse la chamarra, ya se sabe que todo se pega y con este
clima uno se va haciendo gallego y no sabe si ponerse o quitarse la chamarra.
Al llegar a Ligonde
nos tomamos un segundo refrigerio con pastilla energética y nos ponemos un
segundo sello en el albergue, la temperatura ha llegado a 21ºC pero el cielo
permanece nublado.
El camino va
llaneando y se camina a buen ritmo, a pesar de las nubes no parece que vaya a
llover y la temperatura tampoco parece que vaya a cambiar, ahora está en 20ºC.
Los caminos cada vez
tienen más eucaliptos y son más abiertos, en un paisaje algo menos mágico que
el de días anteriores. Tras cinco horas y media horas se alcanza Palas de Rei,
con 20ºC, algo nublado pero ni una gota de agua.
Tras tomar posesión
de nuestra habitación, algo antes de entrar en el pueblo, en unas cabañas de
madera, ponemos un sello, comemos y nos vamos a descansar al hotel. Por la tarde tuvimos la
inesperada visita de una amigo, Miguel que aprovechando que estaba por la zona “trabajando”
se acercó a tomarse un cafetito.
Por la noche cena en
el hotel, por aquello de no andar mucho ante la sobrecarga que tiene Perkins en
el talón derecho (aún no recuperado de la tendinitis) y a dormir y reponer
fuerzas.
ETAPA SIETE, Palas de Rei-Arzúa (31Km), 3 de agosto de
2011.
Continuando con
nuestro ritmo de sueño, nos levantamos a las 8:00 y a las 8:50 estamos listos para
llenar el estómago en la cafetería del hotel, desayuno y nos ponemos en marcha
a las 9:10 con 17ºC y un sol radiante.
El camino llega a
Palas de Rei, atraviesa el centro y sale por el otro extremo por caminos semi
sombríos, con abundancia de castaños y robles pero salpicados por gran cantidad
de eucaliptos.
Se pasa por multitud
de aldeas diminutas salpicadas de amplios prados verdes que no dejan de
sorprendernos por su amplitud y color, y que nos permiten apreciar la magnífica
ganadería gallega, tanto de carne “rubias” como de lecheras.
A los pocos minutos
Porteadora se quita la chamarra porque el sol va poco a poco apretando sobre
nuestras cabezas, y el camino, si bien no es muy duro, es un poco rompe piernas.
El cielo aunque
permanece despejado y de un color azul algo apagado, muestra pequeñas nubes
blancas de evolución salpicando el horizonte y recordándonos que el tiempo en
Galicia no es ni blanco ni negros, es
incierto.
Tras un largo
descenso se alcanza la localidad de Melide, un pueblo bastante grande y que nos
sorprende por la multitud de personas, el tráfico, el ruido … que nos transporta
bruscamente de nuevo a la ciudad que ya teníamos olvidada en algún rincón de nuestra
memoria tras siete jornadas atravesando pequeños pueblos y aldeas.
En Melide el camino
recorre gran parte de la localidad y por momentos nos olvidamos de que estamos
haciendo el camino y nos sentimos típicos turistas visitando un localidad
veraniega, tras atravesar el centro, que por supuesto tiene la iglesia cerrada,
y subir una fuerte cuesta, se alcanza el otro extremo de Melide, en el oeste,
con una precios iglesia con cementerio pero que no podemos visitar por
permanecer, como ya va siendo norma, cerrada. Desde allí el camino desciende en
una fuerte cuesta que nos lleva a las calles periféricas de Melide y que finalmente
entra en un camino precioso con una pequeña iglesia a mano derecha, cerrada, y
un camino plagado de enormes eucaliptos.
Al llegar a Bonte,
encontramos una pequeña iglesia de Santiago, abierta, y nos ponemos un sello en
la credencial de peregrino, cruzamos el pueblo y abordamos una fuerte bajada en
la que empiezo a sentir los clásicos dolores en mi talón derecho, fuertemente
recargado y que me obliga a bajar el ritmo que llevaba impuesto porteadora, que
nos conduce hasta Fonte de Prata, donde llegamos a las 14:10 con 26ºC y mucho
calor y hacemos una parada para comer, ya que la jornada de hoy es muy larga.
Tras la comida, a las
15:10 emprendemos el camino subiendo una fuerte rampa que rápidamente nos
recuerda los kilómetros recorridos y que nos lleva hasta Castañeda, a partir de
aquí, bajadas y subidas que destrozan nuestras maltrechas fuerzas hasta la
aldea de Ribadiso, una última subida nos conduce hasta los alrededores de
Arzúa, ya se ven las primeras casas.
El recorrido hasta
alcanzar la urbe se hace eterno, y una vez alcanzada nos hace recorrer toda la
localidad hasta casi el centro urbano que está al otro extremo de la misma.
Hoy llegamos en
condiciones malas, muy rotos, pero por otra parte muy ilusionados por la
proximidad de Santiago. Tras poner otro sello en la iglesia de Santiago de
Arzúa y San Pedro de Lema nos trasladamos al hotel a dejar las cosas, ducharnos
y descansar, hoy hay pocas fuerzas para salir, más aún dado que estamos en un
segundo sin ascensor y yo cojeo un poco de la pierna derecha…
Por la tarde-noche
salimos a dar un mini paseo y cenar unas tapas en las que por supuesto no podía
faltar una de queso de Arzúa, una exquisitez de la zona.
Tras la cena al hotel
a descansar.
A pesar del cansancio
de la etapa anterior nos mantenemos fieles al programa y nos levantamos a las
8:00. Tras un paseo por la habitación preparando las cosas, compruebo que no
cojeo, parece que podré abordar una etapa corta y casia llana a pesar de mi
sobrecarga que me pide a gritos un descanso más prolongado.
A las 9:10 terminamos
el desayuno y nos encaminamos a una nueva jornada, hoy hay 16ºC y el cielo está
completamente cubierto, sin lugar a dudas es el día que más pinta tiene de llover
de todos los que hemos visto nubes, sin embargo para hoy no dan lluvia, cosa
que si daban para otras etapas, esto nos hace ser optimistas, además es una
etapa corta.
Se aborda un sendero
a la salida de Arzúa, espectacular por el número y tamaño de eucaliptos, a los
30 minutos de empezar a andar un coche aparece por el sendero, algo que se me
antoja raro porque el camino en solo peatonal, cuanta fue mi sorpresa al descubrir
que el conductor es el dueño del “mesón do Peregrino” donde hemos dormido y
trae en la mano mi DNI, olvidado tras pagar la habitación, siento un enorme momento
de gratitud al descubrir que todavía hay personas amables por estos mundos.
El camino se debate
en una lucha entre maizales, eucaliptos y robles que hacen que el camino se
abra y cierre alternativamente y muestre los campos trabajados por el hombre. A
pesar de ser caminos más luminosos, el suelo está completamente plagado de
eucaliptos y los robles mantienen una guerra continua con las enredaderas que
se afanan por cubrir sus troncos creando un paisaje hermoso y algo mágico que
por momentos nos traslada a las etapas más mágicas del descenso de O Cebreiro.
Tras aproximadamente
una hora de marcha, paramos a poner sello en un bar, por aquello de que
difícilmente encontraremos una iglesia abierta, el camino es bastante ancho,
algo que hemos ido notando al aproximarnos a Santiago, y se abre y cierra
constantemente a la luz.
Al llegar a Salceda,
la temperatura ya es de 21ºC, por dos veces la lluvia ha amenazado con empezar,
lo ha hecho a trasvés de un ligero calabobos de apenas unos segundos de
duración, pero de momento aguanta, aquí hacemos una ligera pausa para tomar un
refrigerio.
El calabobos se
consolidad en una ligera llovizna, por fin tras casi ochos días y varios días
de predicciones de agua, hemos podido sentir de la famosa lluvia gallega y estrenar
los chubasqueros, ya nos hubiera molestado traerlos para nada.
A los pocos minutos
entramos en un camino más cerrado entre castaños y eucaliptos y el suelo se
aprecia seco, aunque en esta parte no nos mojamos y dudamos que el calabobos se
mantenga, decidimos proseguir con los chubasqueros, una decisión acertada ya
que cada vez que el camino abre un poco se puede percibir que la lluvia
persiste. El camino se mantiene la mayor parte del tiempo cerrado y seco y
finalmente tras una vereda exclusivamente de eucaliptos el camino llega a Rúa
donde paramos a descansar en el hotel. Una lástima que esta lluvia no se
reservara para Santiago de Compostela. A pesar de la lluvia la temperatura era
agradable y no bajó de 21ºC.
Tras una magnífica
comida en el hotel, nos vamos a descansar y reponer fuerzas para el último
esfuerzo, tan solo salimos para cenar y sellar en el hotel nuestras
credenciales.
ETAPA NUEVE, A Rúa-Santiago de Compostela (22Km), 5 de agosto
de 2011.
El cielo permanece gris y el suelo deja ver que
en la madrugada ha caído algo de agua, se puede apreciar la densidad de los
robles ya que debajo de ellos el suelo permanece seco. Por primera vez pisamos
suelo húmedo, aunque bastante seco, una sensación extraña ya que desde la
primera etapa entre las viñas del Bierzo, no hemos dejado de acumular polvo en
nuestras zapatillas.
El camino es bastante ancho y más abierto, hay multitud de
eucaliptos y helechos aunque los robles van poco a poco cediendo y los caminos
son cada vez más abiertos y claros. Atravesamos algunas aldeas y maizales y
ponemos el primer sello del día en un restaurante. Los pinares producto de la
reforestación comienzan a hacerse fuertes y la temperatura llega a los 19ºC.
Se rodea el
aeropuerto por un camino bastante abierto y tras un ligero descenso comienza la
subida a monte O Gozo, por asfalto, aquí aparece mucha más gente, no sé pero da
la sensación de que se suman grupos de “romeros” de otros caminos, el del
norte, el de la plata, parece una pequeña manifestación que se va dispersando
durante la subida.
Tras coronar la
cumbre se recorre un camino llano que pasa por la TVG y la TVE. Toda la
carretera está llena de peregrinos. Al final del camino se encuentra el
monumento y la capilla ermita de San Marcos donde ponemos el penúltimo sello, que
emoción, hacemos unas fotos y comenzamos el descenso a Santiago de Compostela,
el letrero marca 4,7 Km hasta la catedral.
Comienza a salir el
sol y hace algo de calor, tras el rápido descenso se cruza la circunvalación y
se pasa el cartel de entrada a Santiago de Compostela.
Una vez pasado el
cartel se recorre la ciudad por la calle de San Lázaro, se va por la acera de
forma continuada encontrando peregrinos y ambiente de fiesta y ciudad
turística, nos embarga la emoción pero aún hay que seguir un buen rato
caminando por la ciudad.
Finalmente se accede
al casco viejo, las calles se estrechan, se palpa excitación en el ambiente,
los edificios son de piedra y hay cientos de turistas, el sol va poco a poco
haciéndose fuerte y finalmente tras algunos recodos se entra en la plaza del Obradoiro
por el lado derecho, manifestándose en todo su esplendor a mano izquierda, la
Catedral, que momento, que sensaciones, toda la plaza llena de turistas y
peregrinos sentados con sus mochilas al lado disfrutando del momento. Tras
recuperar el aliento y hacer algunas fotos se acude a la oficina del peregrino
en la rúa do Vivar donde se obtiene la ansiada compostelana y los sellos
finales, misión cumplida.
Un descanso fotos,
visita a la catedral con un sol que ya domina el cielo y cambio de planes, la
idea era dormir en Santiago de Compostela y marchar en tren por la mañana a
Ponferrada, pero nuestros amigos gallegos nos vienen a recoger para dormir en Lugo
y partir en tren desde allí.
Tras la cena nos trasladamos a su casa para dormir aunque primero
tuvimos que convencer a Laura que tenía una idea algo distinta y poco sueño.
Por la mañana traslado a la estación, desayuno y al tren. Tras tres horas de
camino llegamos a Ponferrada y nos trasladamos a pie a recuperar el coche
viendo a nuestro paso peregrinos que comienzan o prosiguen su peregrinación
desde allí. Ya no los miras con los mismos ojos, sabes lo que tiene que sufrir
aún.
Tras recuperar el coche directos a casa viendo más peregrinos en gran
parte del camino hacia Burgos.
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