Bueno,
retomamos, espero que esta vez más en serio, la sana costumbre de andar por el
campo, subir y disfrutar de las magníficas vistas que nos ofrece nuestras montañas.
En esta ocasión, nos hemos desplazado a Guadalajara, en concreto a los pueblos
negros. Los peques ya son más mayores y esperamos puedan seguir nuestro ritmo y podemos hacer salidas todos los meses.
La
ruta comienza en Roblelacasa, un pequeño pueblo, muy pintoresco, donde quedamos
con unos amigos (Javi, Ana y sus peques, Raúl y Nacho)

Dejamos
el coche el el parking reservado para turistas, justo al lado del campo de
fútbol y nos reunimos con nuestros amigos en el pequeño bar del pueblo. Tras un
cafetito, nos preparamos e iniciamos la ruta.
La idea era salir en el sentido
de las agujas del reloj, dado que es circular, pero tras dar una vuelta al
pueblo, no encontramos el camino circular (cuidado que hay otro camino más
corto que va directo), y como ninguno conoce la ruta y accidentalmente encontramos el extremo que
sale en sentido contrario a las agujas del reloj, nos planteamos hacerlo en sentido contrario.
Tras una pequeña deliberación, decidimos tomarlo que se nos echa el tiempo encima y comenzamos la ruta. La ruta comienza
con unas vistas impresionantes del monte, es un camino suave, en descenso constante, pero
hay que tener cuidado, se puede resbalar con facilidad.
Se puede apreciar toda la sierra de los pueblos negros, una auténtica pasada, monte bajo y pinares por todas partes, es evidente que la ruta promete.
El descenso continuado nos lleva hasta el río Jarama.
Aquí
nos encontramos el segundo problema del día, no nos habíamos enterado de que el río
en esta zona del camino no tiene puente y hay que cruzarlo por el agua.
A pesar
de las fechas (finales del verano), el río lleva demasiada agua en la zona por donde debemos pasar, tiene al menos 4-5 metros de ancho y cierta profundidad (yo estimo medio metro en el centro) y con los peques
no vemos como cruzarlo de forma sencilla.
La
primeara idea que se me pasa por la cabeza, es descalzarnos, cruzar y luego calzarnos, pero con los peques..., para intentar evitar esa
solución, recorremos un trecho del río a derechas para buscar otra zona de
paso. A ese lado, el río se ensancha un poco y tiene más profundidad, lo desechamos y
exploramos en el sentido izquierdo del río (aguas abajo) y tras recorrer unas decenas de metros, encontramos una zona rocosa donde el río se estrecha y toma velocidad, pero que permite con cierto cuidado cruzar pisando algunas
piedras justo antes de una pequeña caída de agua.

Arriesgamos con los peques, y cruzamos con un pequeño incidente en el
que Javi resbala y acaba metiendo un pie en el agua… no acabamos bañados por un
pelo.
Tras cruzar el río y retroceder contra corriente para llegar al camino, hacemos una pequeña parada para recuperarnos, y nos lanzamos a subir la fuerte pendiente que lleva hasta Matallana.
Aquí, a pesar de ser un poco pronto (no hemos hecho aún la mitad del camino), hacemos una parada para comer y recuperar fuerzas. Desde Matallana tomamos nuevamente el sendero, pero como no estamos atentos y vamos charlando, nos pasamos el desvío que salía a nuestra izquierda.
Afortunadamente nos damos cuenta pronto de nuestro error, retrocedemos ligeramente y retomamos nuevamente el camino.
El sendero ahora baja de forma continuada para llevarnos nuevamente a la altura del río, y lo alcanza finalmente justo en el puente.
Tras cruzar el puente, una chulada de puente, y hacernos unas fotos, tomamos el sendero a derechas (cuidado con no coger el que va directo a Roblelacasa, salvo que se quiera volver de forma rápida)
Al poco de coger el sendero, se cruza un nuevo puente, se sube un poco de desnivel en el otro lado, y se alcanza el mirador.
Desde el mirador, mirando hacia el camino por el que veníamos, podemos disfrutar de las Cascadas Pozas Aljibe.
La vista, es espectacular, una gozada. Tras
un pequeño descanso disfrutando de las vistas, tomamos el sendero que va
paralelo al corta fuegos y subimos hacia el Espinar, la subida es rompedora:
larga y sin descansos.
Una vez llegamos arriba de la ladera, y tras un merecido descanso, continuamos hacia el Espinar, aquí el camino es un falso llano que incluso desciende ligeramente y nos permite recuperar fuerzas.
En el Espinar aprovechamos para coger agua de la fuente, y tomamos el sendero a izquierdas hacia
Roblelacasa.
Hay que tener cuidado de no pasarse el desvío, nosotros nos lo
pasamos y acabamos cruzando un prado de toros bravos, je, je, un momento de cierta
tensión.
Al llegar al otro lado del prado, nos encontramos el desfiladero del río que
separa el Espinar de Roblelacasa y al no haber tomado el camino correcto, nos encontramos que no hay un puente / paso para cruzar.
Como
hay mucha jara y arbustos bajos se hace imposible marchar a izquierdas para
retomar el sendero y así cruzar por el paso, volver hacia atrás por el prado de toros para coger el camino da mucha pereza así que tras inspeccionar la zona, tomamos el río a derechas hacia la carretera, buscando un paso para cruzar.
Finalmente tras un
esfuerzo adicional, y con muchas dudas, encontramos un paso y cruzamos nuevamente el río. Desde aquí, simplemente recorremos la ladera que nos lleva nuevamente a
Roblelacasa.
La
ruta ha sido preciosa, pero algo dura, debido entre otras cosas a los despistes
en los cruces, y sobre todo al último tramo buscando la forma de cruzar el desfiladero, se ve que estamos algo oxidados.
Al final tanto despiste han supuesto que los 12 km previstos, hayan sido 14 km. Muy duro para hacer tanto tiempo que no hacíamos una salida, pero con mucha satisfacción al final.
¡Los peques unos campeones!