En esta ocasión vamos a subir Peña Prieta, cota más alta de la cordillera Cantábrica.
Tras diversos e-mail, mensajes y
llamadas, finalmente nos ponemos de acuerdo para que To’quemao recoja a nuestra
última adquisición, Anabel, una simpática sevillana con acento andaluz y un
toque ácido que hemos fichado este verano y se suben juntos a La Cabrera donde
Porteadora y Perkins han organizado una barbacoa para coger fuerzas para el
viaje.
Lo clásico: panceta, chorizo,
morcilla, secreto ibérico, vamos, las múltiples variantes del cerdo para cocinar a
la brasa y luego a la piscina para hacer tiempo y esperar a Boquerón que sale a las 15:00 horas
de trabajar.
Boquerón que nunca le pisa al coche, se
planta allí en tiempo casi record, quizás por aquello de ver si queda algo de la
barbacoa, que ha tenido la oportunidad de apreciar vía e-mail con foto incluida enviado
durante la misma comida…, pero como es lógico ya no quedan ni los huesos.
Tras preparar las bolsas los
cinco salimos camino de Cardaño de Arriba, un pequeño pueblo palentino situado
en un paraje sin parangón a los pies de la cordillera Cántabra.
Tras dejas los bultos bajamos a
Campo Redondo, un pueblo a 8 kilómetros más debajo de Cardaño a cenar y esperar
a Panzer, que aunque parezca mentira se ha hecho por la mañana-tarde un viaje
desde las Rías Baixas en Pontevedra hasta Madrid, y que esa misma tarde y tras
dejar las cosas y a la familia, se lanza a tumba abierta por la NI, que se
supone es una autopista pero está toda en obras, para unirse al grupo en la
subida a Peña Prieta.
Por el camino tuvimos la
oportunidad de disfrutar de la impresionante vista de un jabalí salvaje a la
vera de la carretera.
A las 00:00 tras una cena llena
de calorías de todo tipo, y en la que por supuesto no podían faltar las famosas
jijas de la zona, tuvimos la oportunidad de disfrutar en el restaurante de los
cantos típicos regionales merced a una multitudinaria cena de un grupo de 25 mujeres
de la zona. Finalmente a las 00:30 llegó Panzer con la Perla Negra y nos unimos
todos para subir al pueblo a descansar.
Una vez en el pueblo, preparativos
clásicos, organización para el día siguiente y todos a dormir, con la
planificación de levantarnos a las 8:15 para salir a las 9:30.
El sábado 14 como era de esperar
nos levantamos poco a poco y tras la ducha matutina y los habituales preparativos del
equipo, a las 9:15 estábamos todos juntos desayunando tostadas con aceite y
embutido o tomate triturado, según gustos.
A las 9:45 nos lanzamos al camino
con 17ºC y sol, a pesar de los consejos de Perkins las mujeres salen con mucha
ropa por aquello del frío matutino y Porteadora coge un “chubasquero” porque el
termómetro de casa da lluvia para hoy.
Tras cruzar el primer puente
pasamos al lado izquierdo del río, cruzamos el portón de las vacas y
proseguimos por el camino, semi llano aunque picando hacia arriba y con un
suelo plagado de piedras.
Tras una parada para reponer
fuerzas, con pastilla energética incluida y algo de agua, abordamos un último
esfuerzo y finalmente alcanzamos la Lombas, un respiro y a subir el prado poco
a poco.
Finalmente tras dos horas y 15
minutos de camino y ya con una altitud de 2.040 metros alcanzamos el desvío al
Pozo de las Lombas y nos desviamos a derechas ante las insistencias constantes de
Porteadora de evitar el empedrado, por aquello de que le trae malos recuerdos
del descenso de Espigüete el verano pasado.
Rompiendo la costumbre, Boquerón
se queda atrás y dado que no está Sherpa, Panzer y To’quemao asumen el testigo
y se ponen a liderar la subida, que aunque parezca mentira hacen a pelo, es
decir todo recto para arriba y sin seguir ningún camino.
Tras una hora de subida, Anabel,
nuestro último fichaje arroja la toalla, agobiada por la pendiente y por el
vértigo al pensar en la bajada por ese empedrado, algo peligroso, y que a todos
nos preocupaba bastante.
Una auténtica pena porque estaba
a poco más de 150 metros de desnivel de la cima y menos de 2.500 metros de distancia de la
cumbre de Tres Provincias. Para ser la primera salida de Anabel, hay que
reconocer que se portó como una jabata, lástima que los guías no encontrasen el
sendero desde abajo, seguro que así habría coronado.
Tras una hora de sendero
bordeando la Panza del Tío Celestino y realizando el último esfuerzo de subida,
alcanzamos por fin, tras cuatro horas, el pico de las Tres Provincias de 2.497
metros (2.503 metros según el GPS)
El paisaje no se puede describir,
al sur, Espigüete y todo el valle por el que hemos subido; al sureste, Curavacas,
una cumbre de 2.520 metros que está en la lista de subidas pendientes; al oeste
las agujas con el Pozo de la Lomas; al Norte, todos los picos de Europa; al
noreste Peña Prieta; y justo debajo las Fuente del Río Carrión, IMPRESIONANTE.
Las sensaciones son increíbles,
nos hacemos unas fotos, hablamos con otras personas que están allí y que nos ayudan a
identificar Curavacas, San Glorio y El Naranjo, increíble, con menos bruma creo
que se podría ver el mar. La vista de los Picos de Europa corta la respiración.
Finalmente nos dejamos caer y nos
ponemos a reponer fuerzas, hay 24ºC, pero en la última hora hemos tenido viento
fuerte, por lo que no pasamos demasiado calor. Comemos gazpacho, zumo, bocata,
plátanos, melocotones, chocolate… en fin, lo clásico para reponer fuerzas, pero con
una vista que ningún restaurante del mundo podría ofrecer.
Tras casi cuarenta minutos de
descanso, con algunas nubes blancas que salpican el cielo y la predicción de
lluvia de Porteadora nos lanzamos al regreso por aquello del por si acaso. Primero volvemos por la cuerda a
Pico de las Tres Provincias, y luego tras unos minutos de reposo, nuevamente
hacia la Panza del Tío Celestino, ya que nos han recomendado esta vereda para
bajar, en lugar de la ruta por Las Agujas que teníamos en mente como alternativa.
Tras rodear la Panza del Tío
Celestino, cogemos el sendero en zigzag que no supimos encontrar a la subida, y
bajamos con bastante comodidad, aunque el camino se hace más largo.
Al llegar a la base cruzamos
hasta el camino al Pozo de Las Lombas y nos encaminamos de regreso por los
prados. Perkins y Panzer van tocados de los pies, diversos dolores y amago de
ampollas por el calor que es ya a esta altitud de 30ºC.
Tras bajar las Lombas el camino
se hace duro y el cansancio se hace sentir en todo el cuerpo, pero muy
especialmente en nuestros pies y rodillas. El camino de descenso, que está
plagado de piedras, se hace duro para los maltrechos pies, aunque finalmente
alcanzamos el puente y lo cruzamos entre una multitud de vacas y terneros, sintiendo ya la proximidad del hogar y del descanso.
Porteadora se erige en “mujer de
campo” y va abriendo paso sacando las vacas del camino, el trayecto de retorno
se hace realmente largo, un pequeño suplicio para nuestros pies.
Porteadora y To’quemao van a un
ritmo algo superior debido a la necesidad de llegar, Perkins y Panzer a duras
penan mantienen un ritmo doloroso a cada paso y a cada piedra.
Tras bordear el monte y tras casi
nueve horas (incluyendo los 40 minutos de parada para comer), alcanzamos las
casas de Cardaño, y con ellas nuestro hogar, agua, ducha y ropa limpia… nos
duele hasta el alma. Allí nos encontramos con Anabel y Boquerón que ya se han duchado y recuperado el todo.
Casualidades de la vida, en el restaurante nos encontramos a David, un amigo de Cardaño y a Isabel, una prima.
Traslado en coche a Cardaño para descansar con una ligera parada en Velilla, que estaba de fiestas, para comprar churros para el desayuno.
Tras reponer fuerzas durante la
noche, nos levantamos de forma algo salteada y sin horario fijo aunque Perkins
marcó el límite en las 11:00 a base de palmas. Desayuno a base de churros y listos
para una jornada de turismo.
Nos desplazamos en coche a Riaño
para comer en la Presa, carnaza variada al gusto: solomillos y cabrito, y un
rodaballo salvaje, aderezado todo con unas ensaladas y un tinto del bierzo, todo exquisito y muy satisfactorio para nuestros paladares y estómagos.
Traslado a Potes para dar un paseo y
comprar algunas cosas, entre otras, algo de verdura para hacer una cena baja en
calorías y recuperar un poco el equilibrio. El regreso lo hacemos por Cervera
en una tarde preciosa con unas vistas espectaculares de los Picos de Europa, hasta
que finalmente nos alcanzó la noche, ocultando las montañas y el paisaje de nuestras miradas, ya que a pesar de la luna llena había también algunas nubes.
Tras alcanzar la carretera de los
pantanos, recorremos un camino algo más tedioso al tener que ir esquivando
vacas en la carretera y con algo de lluvia en la parte final, solo una gotas
para recordarnos que las predicciones eran de lluvia (para el día anterior, claro).
El lunes regreso a casa con una
parada táctica en Lerma para degustación de cordero en Casa Antón, algo que ya
se ha hecho clásico en estas rutas por el norte de España.
Un fin de semana espléndido para
relajarse con los amigos y disfrutar de la gastronomía y la naturaleza de los
Picos de Europa. Echamos de menos a Sherpa y Chanclas que por diversas razones no pudieron acompañarnos en esta aventura.
Ya estamos pensando en la próxima...

No hay comentarios:
Publicar un comentario